Comenzaré dando las gracias al Colegio San Francisco de Asís por la gran oportunidad que me brinda de compartir algunas reflexiones con ustedes acerca de la inteligencia emocional y el Ser.

Para facilitar la comprensión del texto, comenzaré definiendo los términos inteligencia emocional, emoción y Ser. 

Según Daniel Goleman, profesor de psicología de la Universidad de Harvard y autor del bestseller “Inteligencia Emocional”, ésta se define como “la capacidad de reconocer, aceptar y canalizar nuestras emociones para dirigir nuestras conductas a objetivos deseados, lograrlo y compartirlos con los demás”. 

Así mismo, Goleman, sugiere que todas las emociones básicas, tales como: el amor, la tristeza, la alegría, la rabia y el miedo, son impulsos en los que se halla implícita una tendencia a la acción. 

Respecto al término Ser se refiere, en la filosofía, a la esencia de las cosas, a nuestra esencia. Significa existir, es decir, poseemos pensamiento, razón y propósito, como seres humanos.  Y en esta realidad construida desde los sentidos, puedo elegir Ser quien Soy o no Ser, obnubilado por las tentaciones del Yo o el Ego, que es una construcción externa de mi ser.  Soy quien da existencia a mi propio Ser interno. 

En definitiva somos cuerpo, razón, emoción y espíritu y somos los diseñadores o creadores de nuestra propia realidad. Al hacernos conscientes de ello, se avizora un nuevo panorama para nosotros; cuál, comenzar un proceso de introspección o mirada interna, e iniciar una conversación con nuestro Ser, que nos permita ir marcando la pauta de las acciones que nos lleven a la construcción de esa realidad que muy internamente queremos. Ello implica comenzar a desarrollar una plena consciencia de todo cuanto pienso, siento y hago. 

Pensamos en algunas oportunidades, “yo ya no cambio”, “siempre he sido así”, y “para qué”, “me da miedo” y “qué pensarán los demás”, en fin, desde esos pensamientos frenadores la vida va pasando sin darnos cuenta, y también, sin darnos cuenta vivimos en una gran insatisfacción personal o, adoptamos algunos roles como víctimas o victimarios, llenos de grandes frustraciones que finalmente nos conducen a una vida sin sentido personal o, sencillamente, a desarrollar patologías que nos conducen a enfermedades tanto físicas como metales y que ponen en ocasiones en peligro nuestra propia existencia. 

Cabe entonces preguntarse, ¿valdrá la pena desarrollar la autoconsciencia?, ¿qué lograré?, ¿en cuánto tiempo?, ¿por dónde empiezo?; son sólo algunas de las preguntas que tal vez vengan a nuestra mente y nos inquieten. 

Lo fundamental para comenzar en el camino del desarrollo de la inteligencia emocional, es pararse, “si literalmente”, y con un cuaderno en la mano que te permita ir llevando registros de todo cuanto piensas y sientes a diario, es reconocerte, darte cuenta de lo que piensas a diario, ¿son tus pensamientos frenadores o arrancadores?; ¿qué emociones sientes con mayor frecuencia, ira o alegría, por ejemplo, y cómo reaccionas?; ¿cómo es la relación con tu ser?, ¿qué elogios u ofensas te permites?; ¿cómo te comunicas contigo y con otros?; ¿qué rol usas con más frecuencia en tus relaciones?; es comenzar a practicar una consciencia plena, que luego te lleve a tomar decisiones y vayas incorporando pequeños cambios que impacten positivamente tu ser. 

El alcanzar estados de plena conciencia, te conducirán a tener una mejor autoestima, una mayor motivación, una mejor interacción con contigo y con otros, comenzarás a sentir plenitud y bienestar personal, y por ende mayor calidad de vida. Así mismo, desarrollarás la compasión y la empatía, porque al entender que tú mismo, como ser humano te mueves durante el día entre varios estados emocionales y que al reconocerlos y al estar atento a qué los generan  y cómo impactan en tu mente y en tu cuerpo, puedes comprender al otro y tomar decisiones para cultivar emociones positivas y serás capaz de crear experiencias gratificantes, por lo que podrás sentir mayor bienestar y por ende mayor felicidad. 

Es extraordinaria la experiencia de desarrollar la plena conciencia, porque irás paulatinamente desarrollando las competencias de la inteligencia emocional, como son: 

1.     El autoconocimiento emocional o conciencia de uno mismo, que implica comprender lo que estoy sintiendo y del efecto de mis propias emociones en mí y en otros, es decir, ¿qué siento? y sus implicaciones. También implica reconocerme en mis fortalezas y aspectos a mejorar, desarrollar esta competencia mejora nuestra confianza en nosotros mismos y en otros. 

2.     El autocontrol emocional o autorregulación, actuar sin impulsividad, lo cual no implica bloquear nuestras emociones u ocultar nuestros sentimientos, significa esperar el momento oportuno, el lugar y la forma más adecuada de expresar nuestras emociones. El desarrollar esta competencia nos hace flexibles y adaptables a los cambios. 

3.     La automotivación que nos orienta a la acción, a establecernos metas, a buscar formas de mejorar lo que hacemos, a generar compromisos y a tomar iniciativas cuando aparecen las oportunidades. 

4.     La Empatía o reconocimiento de emociones de otros seres humanos. Ello incluye la escucha activa, habilidades de comunicación verbal y no verbal, supone la capacidad de reconocer los estados emocionales de otros y la respuesta que le damos a la persona a partir de la información que percibimos, desarrollar esta competencia genera una sensación de control sobre los resultados de las relaciones interpersonales. Por lo tanto, genera paz interna. 

Para finalizar, pensemos por un minuto en nuestra vida.  ¿Qué es la vida? La vida es solo un tiempo, el tiempo es un recurso no renovable, cada día que finaliza ya no existe para nosotros, así que cada día al despertar nos encontramos en el hoy, en el presente.  Eleanor Roosebelt lo describe muy bien en la frase siguiente “El ayer es historia, el mañana es un misterio, el hoy es un regalo, por eso se llama presente”. 

Comencemos entonces hoy, a dar los primeros pasos en este maravilloso camino del autoconocimiento y de acercarnos a nuestro Ser, será la mejor razón para vivir y ser felices! Podemos seguir el sabio consejo de San Francisco de Asís: “Comienza por hacer lo necesario, luego lo que es posible y de pronto estarás haciendo lo imposible” 

Me despido con amor, con una frase de San Agustín  “La perfección de un hombre es descubrir sus propias imperfecciones” 

Marianela Barbieri - Psicólogo y Master en Programación Neurolingüistica